Origen de las Tortugas

En la actualidad existen alrededor de 75 géneros y más de 220 especies de tortugas terrestres, dulceacuícolas y marinas, de las cuales sólo seis géneros y ocho especies son marinas. Para un grupo de animales tan poco conocido podría parecer un número exagerado más de doscientas especies, sin embargo, esto es solamente un pálido reflejo de la gran variedad que existió en épocas pretéritas.

Las tortugas iniciaron su evolución en el periodo Triásico, a principios del Mesozoico, hace por lo menos 200 000 000 de años, antes de que los grandes reptiles acuáticos, terrestres y voladores, como los ictiosaurios, dinosaurios y pterodáctilos, alcanzaran su máximo esplendor. La mayoría de ellos se fueron extinguiendo entre el Cretácico (hace 13 000 000 de años) y principios del Cenozoico, (hace 65 000 000 de años), cuando el mundo empezaba a ser del dominio de las aves y los mamíferos placentados, aparentemente con mejores posibilidades de adaptarse a los cambios climáticos repentinos.


Debido a que existen escasos registros fósiles de las formas mas primitivas, es difícil precisar el origen evolutivo de las tortugas. Sin embargo, si consideramos la disposición peculiar de los huesos del cráneo, de forma anápsida (típica de las tortugas), sin forámenes en los elementos de la región temporal, como un carácter de importancia evolutiva, el punto de referencia más antiguo lo constituirían los restos fósiles de los cotilosaurios, encontrados en los estratos geológicos del periodo Pérmico inferior, hace 280 000 000 de años aproximadamente, de los cuales el ejemplo más común es el género Seymouria proto-reptil, que presentó rasgos sumamente primitivos que lo identifican, por un lado, con los anfibios, por su cráneo y dentición, y por el otro lado con los reptiles, debido a la reducción en el número de huesos del esqueleto y la incubación de huevos con cáscara en el ambiente terrestre.

Aparentemente los cotilosaurios fueron muy comunes hasta finales del Paleozoico. También se han encontrado fragmentos de cuerpos que pertenecen a los estratos del periodo Pérmico (Medio), en Sudáfrica, sin extremidades y con cabezas incompletas, de una especie de reptil único, que aunque no se le considera como tortuga, sí podría ser representante de una línea evolutiva paralela. Este fósil es llamado Eunotosaurus, pequeño saurio de cuerpo deprimido, que de acuerdo con Colbert (1969), sus ocho costillas hacen contacto unas con otras y según Romer (1956) éstas forman un carapacho incompleto cubierto por delgadas placas osificadas de origen dérmico, arregladas aparentemente en filas longitudinales; además tiene 10 vertebras, como los quelonios.

Ya que el cráneo se encontró incompleto no se sabe si era una anápsida, pero presentaba paladar y en el maxilar superior; tampoco se ha encontrado la mandíbula inferior. En la parte ventral de su esqueleto faltaban los típicos huesos dérmicos que dan origen al plastrón de las tortugas (Carr, 1952); además, conserva la cintura pectoral con clavículas e interclavículas, ignorándose las características morfológicas de sus extremidades.

Eunotosaurus, pequeño reptil que vivió en el periodo Pérmico de África
En los sedimentos de mediados y finales del periodo Triásico, hace aproximadamente 200 000 000 de años, aparecen y se diversifican las verdaderas tortugas, particularmente las del suborden Amphichelydia, que incluye a la mayoría de las tortugas de la era Mesozoica, como son las del grupo Proganochelydae, el cual toma ese nombre del género principal, Proganochelys, tortuga que fue posiblemente semiacuática. En estos fósiles se observa el carapacho de forma moderna, pero con elementos óseos de placas supramarginales; este carácter primitivo aún se presenta en algunas tortugas actuales. El peto tiene elementos óseos extras o mesoplastrón, que todavía poseen las tortugas del suborden Pleurodira, familia Pelomedusidae, del África y ocasionalmente la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea), en la que algunos autores, como Pritchard, (1966b) le dan a este rasgo un carácter atávico.

También tenían dientes, pero sólo en el paladar; la cintura era de carácter primitivo, y la cabeza y extremidades poco o nada podían retraerse dentro del carapacho. El género Triassochelys era una tortuga terrestre que perteneció al grupo anterior, fue relativamente abundante en el Triásico Superior europeo. Tuvo amplio y pesado carapacho y como todas las tortugas del grupo conservaba los dientes platinos.